Algodoneros, la historia de casi siempre
De chico, cuando vivía casi entre el monte, en esta colonia rodeada por lagunas, escuchaba el griterío de la gente que llegaba sin encontrar barreras hasta nuestro pequeño hogar. Era la emoción de la afición algodonera de aquellos tiempos. Las calles eran empedradas, no se llamaban ni avenida Lázaro Cárdenas, ni López Mateos, mucho menos Acacias.
Cuando el equipo Algodoneros fue
campeón -el único que han logrado en su historia-, lo viví desde mi casa, se
cultivaba el algodón, el llamado oro blanco y motor de la economía de esos
tiempos. No estaba ‘el Indio’, y cuyo nombre original es "Encuentro de dos
culturas", una obra de Juan Carlos Canfield, y que fue impulsada por
Víctor López, monumento que celebra la fusión de las culturas española e
indígena, creada en 1995 para el 400 aniversario de la fundación de Guasave, por
lo tanto, ni siquiera recuerdo el festejo del triunfo.
En aquel entonces ni siquiera
imaginar verlo por televisión, tampoco proyectábamos lo que significaría la
llegada de una nueva era en la comunicación, en donde miles de internautas con
celulares en mano realizamos reportes en tiempo real, son tiempos en donde
todos somos opinólogos y hay quienes se dicen ‘influencers’.
Aquellos días del campeonato, me
contaron los viejos cronistas, jalaban un cable de telefonía que se tiraba
desde el Canal Diagonal -hoy bulevar Millán- para garantizar una transmisión
adecuada a través de la radio. Hoy ya no está ni el Maguito Obeso, ese maestro
de la crónica, tampoco el profe Orona, al que le atribuyen la frase aquella de un
pitcher icónico de Tomateros de Culiacán y del beisbol mexicano… ‘levanta los
huevos el brazo Romo’, dicen que dijo, cuando debió haber dicho: ‘levanta los
brazos el huevo Romo’.
Hago toda esta referencia para
referirnos a la sequía prolongada de títulos del equipo de casa, el cual fue
eliminado anoche, para desencanto de quienes lo seguimos y que hemos soñado con
ese sabor inigualable que debe producir un campeonato.
Debemos ser prácticos, sí, es
cierto, no se logra pasar a la final, pero al menos se llegó a las semifinales
y se pierde ante un equipo fuerte como lo es Tomateros. Y no debe sonar a
consuelo, pues se debe tomar como referencia el desastroso arranque de
temporada de un equipo que parecía no tener alma, producto de malas decisiones
en el armado, ejemplo claro de ello fue la falta de un receptor titular.
Se debe entender que somos plaza
chica, que se tiene un equipo lejos de las nóminas que tienen Hermosillo,
Culiacán o Charros, y que Algodoneros depende de sus buenos números en la
primera vuelta, cuando los llamados grandes aún no tienen sus refuerzos de lujo. Ante eso se debe reconocer esa entrega de los jugadores que concluyeron la temporada.
Debo decir que lo que no me gusta
-y creo que a ellos les valdrá un comino- es que la directiva no otorgue explicaciones
en sus movimientos, que nunca se dé la cara frente a la afición que no ha
fallado en la compra de sus apartados. Entiendo que el beisbol es un negocio,
que el propietario o los socios puedan decir en cualquier momento que la
franquicia se vende, como ya sucedió y nos deje a los guasavenses con esta
pasión desbordada, mirando lejos.
Por lo pronto, a seguir esperando.
No sé si conservaré mis apartados de butacas que adquirimos entre la familia,
pero prometo que trataré -si es que sigo aquí- de estar al menos a un juego por
serie y eventualmente invitar a los demonios que tengo por sobrinos para que
griten: “¡poooooonchalo!”, pues no los dejo expresar otras frases que escuchan
en el graderío. Ya cuando sean adultos que hagan lo que gusten; y si no llego a
ver un campeonato, que sean ellos -si el equipo no lo venden- quienes documenten
ese giro de nuestra historia.
Voy a Tomateros en la final. Por si
estaban con el pendiente mis cinco lectores.
Gracias por sus lecturas.


Comentarios
Publicar un comentario