#JavierValdez, la justicia en deuda

 


Si el más allá existiera, Javier seguro estará impaciente por documentar la nueva guerra que vive Sinaloa, que desde aquel 25 de julio de 2024, en donde según investigaciones, se escribió una historia de traiciones que llevaron a la detención del capo del que alguna vez escribiera en las páginas de Río Doce.

En estos días, Javier, falta tu crónica sobre esta realidad del Sinaloa de nuestros días que sigue acumulando miles de historias. Tan así que ha provocado que el sistema político se estremezca. Hay un gobernador que ha solicitado licencia, también el alcalde de ese Culiacán que tanto relataste y otros más señalados, mientras en las calles se siguen documentando cifras negras.

A Javier le conocí como nos conocemos todos los que hacemos periodismo: en la calle. Al paso de los años surgió una amistad chingona y que se truncó aquel 15 de mayo de 2017, cuando lo asesinaron.

Sus proyecciones sobre el país y el Sinaloa en que vivimos se quedaron cortas, en las calles siguen cayendo gentes y muchas historias se quedan en el tintero, como los casquillos de potentes armas sobre las calles. Los desaparecidos se cuentan por miles.

El periodismo en Sinaloa no es el mismo sin las historias del bato conversador. Esas en las que relataba la realidad, en donde no hacía referencia a las cifras que deja el narco, sino las historias en donde plasmaba el contexto de las muertes. A sus viudas y sus huérfanos o los desaparecidos que se siguen acumulando, a los morros del narco. Son un chingo, como decías.

Se extrañarán tus crónicas sacadas de las entrañas de este Sinaloa crudo. Como aquella de policías y delincuentes en tu libro Malayerba, la de Sentencia, que es una marca de muerte para agentes que de alguna forma estuvieron ligados a un hecho delictivo y terminan en las cifras de la muerte. Eso sigue sucediendo.

Todas las muertes duelen, pero más la de los amigos y hoy de nuevo aquí estoy, recordándote, como una forma de mantenerte vivo. Es lo menos que debemos hacer los camaradas.

Seguimos insistiendo en algo imposible en este México tan crudo, en este Sinaloa que lo padecemos a diario: #JusticiaParaJavier.

En la fotografía el gran amigo Enrique Gutiérrez, que también se adelantó en el camino de la vida y a quien se le recuerda por sus grandes enseñanzas, Trinidad Armenta y el que escribe, en el evento en donde comentamos el libro Malayerba en Guasave.

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