La biblioteca pudiera ser víctima de la frase “¡Aquí mando yo!”
La polémica por la descocada idea de desterrar la biblioteca ‘Raúl Cervantes Ahumada’ del lugar en donde fue construida, ha provocado una serie de reacciones en contrario a lo que parece ya ser una decisión tomada por el gobierno municipal que encabeza la alcaldesa Cecilia Ramírez Montoya, claro, las hay también en positivo, pero estas vienen desde las cuentas de funcionarios municipales y otros, en su minoría, de ciudadanos que dan por terminada la etapa del centro cultural creado para abrevar el conocimiento.
Entre las justificaciones para
dar un portazo a las opiniones en contrario, están reflexiones como la de que
ese cambio permitirá crear oficinas y ahorro importante, pues el Ayuntamiento
dejaría de rentar espacios, sobre todo porque las bibliotecas necesitan adaptarse
a los nuevos tiempos. De acuerdo con esta última reflexión, pero por qué no
hacerlo en el mismo espacio.
Gobiernos han ido y venido, y
habría que decirlo, poco interés le han puesto a ese espacio, no lo modernizaron,
no se le adaptó con nuevos equipos con internet, computadoras y aire
acondicionado.
En lo personal estoy en
desacuerdo con eliminar ese trozo de historia de un municipio que ha crecido
con gobiernos de ideas cortoplacistas, de proyectos personales y de otros
factores en los que ha influido el poco impulso que se les da desde el gobierno
del estado.
Guasave está lleno de ejemplos de
cómo se ha descascarado de su patrimonio y les pongo varios ejemplos en el que
los gobiernos en turno les valió un soberano cacahuate lo que la sociedad
pensara, finalmente aplicaron la frase de ‘aquí mando yo’.
1.- En el lugar en donde
actualmente está el Palacio Municipal, estaba un fabuloso parque que servía a
toda la comunidad, en el pasé la infancia, con magníficos juegos que incluían
resbaladillas, una cancha de basquet, columpios ubicados al lado de donde pasa
la avenida López Mateos y un área de frontenis, que es la única que sobrevivió,
pero adaptada a oficinas, eso sí, muy maltrechas. En aquel entonces ni como
oponerse, éramos más estoicos de lo que actualmente somos. No recuerdo
oposición, como hoy sí la hay. En esos años la ciudad apenas empezaba a crecer
hacia este lado. Había mucho espacio en donde más construir un nuevo edificio
para los poderes municipales, pero no, a quienes gobernaban esos años dijeron
que el parque debería demolerse, y así se hizo, acabaron con nuestros primeros
sueños de la niñez.
2.- El lugar en donde era el
Palacio de gobierno fue donado a la Universidad de Occidente, como si la
universidad no hubiese tenido la capacidad de gestión para crear nuevos
espacios. Acabaron de un tajo con ese trozo de la historia, eliminaron la
cancha de basquetbol, pasó a manos de la universidad, cuando bien pudo
utilizarse para oficinas de gobierno municipal, pensar pues, en el futuro.
3.- La estupenda unidad deportiva
Peimbert visualizada y concretada en el gobierno del entonces alcalde Jaime
Armenta Cervantes, quien, en un gesto de autoridad, recuperó ese gran terreno
que había sido ocupado por una invasión. Lo rescataron y construyeron la unidad
deportiva, única en el ahora corazón de la ciudad, pero en una mala decisión,
se lo dieron en comodato a la Universidad Autónoma de Occidente, por casi ¡cien
años! Y ahí está, entre medio atendido y medio olvidado, solo con la vida que
le dan las ligas infantiles, pero con mucha basura y sin césped.
4.- El estadio Francisco Carranza
Limón, construido con mucha solidaridad, esa sí, muy característica de los
guasavenses, pero hoy en comodato al club Algodoneros de Guasave en un contrato
muy ventajoso para los propietarios del club. Podrán decir que es positivo por
lo que representa para la ciudad, estaría de acuerdo, pero finalmente es un
espacio que es del gobierno, pero a la vez no.
5.- El edificio en donde está la
Central Camionera, que es explotado por las líneas de autotransporte y que luce
muy maltrecho.
6.- Y este punto lo dejé para el
último, pero no menos importante, es el lugar en donde está el tanque de agua potable junto al río Sinaloa, que era un espacio de Jumapag, y representa una forma de cómo defender
los espacios públicos, y que, en los estertores del gobierno de Diana Armenta,
se intentó vender para salir del apuro financiero, pero en aquel entonces Aurelia
Leal, quien la relevaría en el cargo, operó tras bambalinas y se creó un frente
común para frenar la transacción. El proyecto duerme el sueño de los
justos, ya que quedó empezado y ni al gobierno anterior de Martín Ahumada, ni
al actual lo han rescatado. Inicialmente fue proyectado con albercas y áreas de
juegos en un espacio de 3 mil 162 metros cuadrados. Ese es un ejemplo de que
a los gobiernos entrantes no les interesa dar continuidad a lo que dejan sus
antecesores.
Con todo esto, habría que decir,
el gobierno de la alcaldesa Cecilia Ramírez Montoya, puede mandar los
libros al Centro Cultural con el argumento de que en ese punto hay mayor
concentración de gente, cuando todos sabemos que es un lugar inadecuado para una biblioteca, fue diseñado
en su momento para lo planeado. Un área para conferencias, en donde antes se
realizaban las sesiones de Cabildo, una sala para montar exposiciones de
pintura, otra más para hacer un recorrido por la historia de Guasave, dos más
para danza y clases de música y es aquí donde pregunto, ¿en dónde carajos
quedará la biblioteca? ¿en el auditorio o en donde están los baños? ¿O en el
pasillo que sirve como lobby?
Si la justificación es que ocupan
espacios para oficinas, ahí está el Mercado de Abastos, que es una especie de
elefante blanco, solo con unos pequeños comercios sobreviviendo. Incluso la
propuesta de crear un área de dependencias municipales quedó en el pasado Plan
Municipal de Desarrollo, a propuesta incluso, del grupo de ediles morenistas.
También está el nuevo Palacio, que quedó inconcluso y con mucho terreno para
construir, cuestión que se hagan gestiones para la inversión.
Si es una decisión tomada, apliquemos
pues la frase que en política es muy socorrida: ¡Aquí mando yo!
Saludos y gracias por sus
lecturas, en esta semana muy productiva desde mi pequeño escritorio, habilitado
en la sala de mi casa.

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